Dicen
que tardamos tiempo en apreciar las cosas que poseemos. Mala cosa, el
tiempo siempre es un viandante que se cruza con nosotros y que no se
para aunque tú te tomes un descanso. Será él quien se encargue de
alejar cada vez más la línea de meta de las carreras más
importantes, de las del corazón. A medida que se desliza por las
manecillas de un reloj inquieto y con prisa, vamos dejándonos caer
por el tobogán que conduce al fondo que nadie quiere tocar. Porque
queremos vivir con la cabeza en las nubes, pero no nos damos cuenta
de los peligros. Con los sesos en otra galaxia, no puedes pescar el
pez que representa tu vida y así impedir que sea pescado por otra
persona. Nadie puede vivir en tu lugar tu tiempo.
Pero
este señor sabe bien lo que hace. Conoce la naturaleza humana y
todos nuestros errores de “gente de paso” durante unos años
sobre este mundo, por lo tanto, colecciona errores de almas que se
privaron de alzar el vuelo o de otros que lo hicieron tanto que
pasaron a residir en su propia habitación interior. Esta lista, es
tan larga como un álbum de cromos, que por muchos que tengas nunca
llegarás a completarlo. Pues igual, aunque como también sucede como
con los cromos, los puedes tener repetidos. Eso forma parte de
nosotros y como el tiempo lo sabe, alguna vez se deja engañar y
puedes volver atrás. Y así fue cómo decidí parar en la carrera y
dar marcha atrás para volver a ti, que estabas todavía en la línea
de meta. No fui engañada, que nadie te convenza de que avanzar es lo
mejor, porque quizá lo que exactamente necesitas lo tengas enfrente.
Y sí, tú siempre estuviste enfrente de mí.

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